Libertad para los 14 del 15M

¿Recuerdas aquel 15 de mayo de 2011? Da igual lo que estuvieses haciendo ese día, pero seguro que recuerdas lo que vino después, es posible que de alguna forma te traspasase o te alterase o quizás solo te aburrió, pero casi seguro no te resultó indiferente.

Aquella fue una manifestación atípica. Atípica porque consiguió aglutinar a un gran número de sensibilidades, no tanto porque sus lemas fuesen unánimemente compartidos sino porque mucha gente necesitaba en ese momento salir a la calle a expresar sus demandas, sus quejas o su rabia. Atípica porque cientos de personas no se contentaron con manifestarse para luego volver a casa como si ya estuviese todo hecho, sino que decidieron, sin líderes ni consignas previas, continuar tomando las calles y las plazas, expresándose de múltiples formas. Atípica porque la actuación policial mostró de forma más evidente que en otras ocasiones el nerviosismo del poder y unos síntomas de fragilidad del pacto social que hacía mucho que no se percibían. Atípica porque unas cuantas personas decidieron acampar aquella primera noche en Sol en solidaridad con las personas detenidas, pasmoso gesto de solidaridad cuando nos decían que la atomización social era ya norma universal. Atípica porque a ellas se unieron en los días posteriores miles, en Sol y en cientos de plazas de todo el mundo. Atípica porque sus consecuencias, jamás previstas por nadie, aún hoy, de alguna forma, agitan las aguas.

De las 24 personas detenidas aquel día, hay catorce que se enfrentan ahora a penas de cárcel que oscilan entre 1 y 6 años. Lo desproporcionado de las penas que solicita la fiscalía (sentarse en la Gran Vía y cortar el tráfico acarrea un año y medio de prisión) es la prueba más evidente de que los poderes político, judicial y policial quieren castigar ejemplarmente no tanto a estas personas concretas o los hechos ocurridos ese día, sino aquello de lo que fueron (en cierto modo) desencadenante. Se exige una condena colectiva de ese intolerable movimiento que no era tal, que carecía de líderes, que se expresaba en las plazas y que no tenía unas demandas concretas, sino, fundamentalmente unas prácticas autogestionarias y horizontales. Una vez más no se juzgan hechos, se juzgan gestos intolerables (y el ejercicio de la libertad pública y política es hoy uno de los más execrables crímenes). Se quiere castigar simbólicamente esa terrible osadía de tomar las calles, de devolver la política a la plaza pública. Se quiere castigar esa terrible osadía de entender que nuestros problemas son comunes y plantearlos de ese modo para tratar de resolverlos en colectivo.

En febrero de 2019 se juzgará a estas catorce personas. Poco importan quiénes son, fueron ellas como podía haber sido cualquiera. Defenderlas es defender la legitimidad de la protesta. Defenderlas es defendernos colectivamente. Defenderlas es plantar cara a esta oleada represiva generalizada y global. Defenderlas es actuar.

Libertad para los catorce del 15

¡Nos tocan a una, nos tocan a todas!